Terapias con Sonidos

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La vida es corta, la energía limitada, muy limitada. Y con esta energía limitada tenemos que encontrar lo ilimitado; en esta corta vida tenemos que encontrar lo eterno. ¡Una gran tarea, un gran reto! Así que, por favor, no te preocupes por cosas sin importancia.
¿Qué es importante y qué no lo es? Según la definición de todos los Budas, lo que la muerte se puede llevar no es importante y lo que no se puede llevar lo es. Recuerda esta definición, que sea tu piedra de toque. Puedes valorar instantáneamente cualquier cosa con ella.
¿Has visto la piedra de toque con la que se prueba el oro? Que esta sea la piedra de toque para discernir lo que es importante: ¿te lo va a quitar la muerte?, entonces no es importante. El dinero no es importante; es útil, pero no es importante. El poder, el prestigio, la respetabilidad; la muerte se lo llevará todo, así que ¿por qué armar tanto alboroto por ello los pocos días que estás aquí? Esto es una caravana, una parada nocturna; por la mañana nos vamos.
Recuerda, sólo lo que te puedas llevar al dejar el cuerpo es importante. Eso significa que, excepto la meditación, nada es importante; excepto la consciencia, nada es importante, porque la consciencia es lo único que la muerte no se puede llevar. Todo lo demás se lo puede llevar porque todo lo demás viene de afuera. Sólo la consciencia mana desde dentro: no se te puede quitar. Tampoco las sombras de la consciencia: la compasión y el amor, se te pueden quitar; son partes intrínsecas de la consciencia.
Te llevarás contigo sólo la consciencia que hayas alcanzado; y esa es tu verdadera riqueza.

No sólo el cristianismo, también otras religiones encuentran razones para condenar la vida. El hinduismo, el jainismo, el budismo, todos dicen que sufres, que eres desgraciado, y que no puedes dejar de serlo porque es un castigo por las malas acciones de vidas pasadas. Ahora bien, lo que se haya hecho en vidas pasadas no puede deshacerse; tienes que padecerlo. Tú mismo has creado esta miseria, este sufrimiento, esta angustia, y lo único que puedes hacer es sufrir pacientemente para que en el futuro la vida te recompense. ¡Extraño El arte de vivir plena, total e intensamente no es algo arduo o difícil pero lo han hecho casi imposible. Es tan simple y tan obvio que no hay necesidad de aprenderlo.
Se nace con un sentido intuitivo, intrínseco a la vida misma. Los árboles lo conocen, los pájaros lo conocen, los animales lo conocen. Sólo el hombre es desafortunado. El hombre es la cima más elevada de la vida, y quiere conocer el arte de vivir. Ha habido un continuo condicionamiento contra la vida. Ese es el motivo principal por el que se necesita este arte.
Todas las religiones del mundo que han dominado a la humanidad durante siglos son antivida. Su fundamento básico es que la vida es un castigo. De acuerdo al cristianismo, has nacido en pecado porque Adán y Eva desobedecieron a Dios. Es increíble hasta dónde puede llegar la ficción. Aún si Adán y Eva desobedecieron a Dios, no veo qué relación tiene contigo o conmigo. Y además, la desobediencia no es necesariamente un pecado. Algunas veces es lo más virtuoso que se puede hacer.
Pero todas las culturas, todas las sociedades quieren obediencia, que es otra forma de llamar a la esclavitud, al encarcelamiento espiritual. ¿Qué mal hicieron Adán y Eva al comer de la fruta del conocimiento? ¿Es acaso la sabiduría un pecado? ¿Es acaso la ignorancia una virtud? Dios les prohibió comer de esos dos árboles; uno era el de la sabiduría y el otro, el de la vida eterna. ¿Quién está cometiendo el pecado, Adán y Eva o Dios? Ni la sabiduría es mala, ni el anhelo por la vida eterna es malo: son absolutamente naturales. La prohibición es errónea y su desobediencia es absolutamente correcta. Ellos fueron los primeros revolucionarios del mundo, los primeros seres humanos con algo de dignidad.
Debido a su desobediencia, toda civilización, ciencia, arte y todo lo demás, ha sido posible. Si no hubieran desobedecido, todavía estaríamos masticando hierba desnudos en el Jardín del Edén; ni masticar chicle sería posible.argumento!
Si haces algo malo en esta vida, deberías ser castigado en esta misma vida. De hecho, la causa y el efecto van siempre unidos. Simplemente pon tu mano en el fuego: ¿crees que te quemarás en tu próxima vida? Te quemarás aquí y ahora. Cada acto tiene su propia recompensa o su propio castigo. Esta distancia entre vidas es una idea muy astuta para hacer que aceptes vivir la vida al mínimo, todas esas religiones te enseñan a renunciar a ella. Los que renuncian a ella se convierten en santos; son venerados. A los que viven plena, totalmente, nadie los venera; ni siquiera se les aprecia. Por el contrario, son condenados.
Toda nuestra educación es tal que va en contra del placer, en contra de gozo, en contra del sentido del humor, en contra de disfrutar de las cosas pequeñas de la vida: cantar una canción o tocar la flauta. Nadie te va a llamar santo por tocar la flauta bellamente; excepto yo.
Te llamaré santo si bailas tan totalmente que desaparezcas en el baile y sólo quede la danza; entonces el que baila se funde completamente, se disuelve y se convierte en la danza. Si tocas la flauta tan totalmente que te olvides de ti mismo, que sólo quede la música y ya no seas el flautista sino sólo un oyente, entonces la flauta estará en los labios de Dios.
Si amas, eres condenado.
Todas las religiones han dicho que el amor es algo animal. Yo he observado a los animales pero nunca he visto amor alguno en ninguna especie de animal. Yo he observado a los animales pero nunca he visto amor alguno en ninguna especie de animal. El amor es absolutamente humano. Los animales pueden abandonarse al sexo, ¿pero te has fijado en ellos mientras lo hacen? No verás ningún gozo. Te parecerán absolutamente distantes; con caras tan serias que parece que estuvieran sufriendo. Y de hecho están sufriendo. Es una necesidad biológica, y la sienten; están siendo forzados por una fuerza desconocida a hacer algo en lo que no están interesados.
Es por eso que, excepto el hombre, ningún animal hace el amor durante todo el año. Sólo cuando les llega el celo, cuando la biología se lo impone: “Ahora tienes que hacerlo”; a la fuerza, como si alguien se lo estuviera ordenando con un arma: “Haz el amor”. Fíjate en los animales, en sus ojos; no están sintiendo ningún gozo.
Hablar acerca del amor como algo animal es un gran disparate. Los animales no saben lo que es el amor. Ni siquiera millones de seres humanos de saben. El amor necesita, como base, estar algo centrado en tu propio ser, y de algún modo, cerca de él, porque a no ser que estés centrado en tu ser no conocerás todos los tesoros que llevas dentro de ti mismo; el amor es uno de esos tesoros. Hay cosas aún más elevadas: la verdad, el éxtasis y la experiencia de lo divino. A no ser que esté en profunda meditación, no se puede amar y no se puede vivir.
Me preguntas acerca del arte de vivir plenamente. Empieza con la meditación para que puedas conocer la fuente de tu vida y volver a su origen; es una experiencia sorprendente. De repente te das cuenta de que tienes tantísimo, tal abundancia, que si quieres puedes amar al mundo entero. Puedes llenar el mundo entero con tu amor.
En tu pequeño cuerpo está la semilla que puede crear millones de flores, que contienen toda la fragancia del mundo.
El arte de la vida comienza con la meditación. Y por meditación quiero decir silencio de la mente, silencio del corazón, alcanzar el mismo centro de tu ser y encontrar el tesoro que es tu realidad. Una vez que lo conoces, puedes irradiar amor, vida, creatividad. Tus palabras se volverán poéticas, tus gestos tendrán gracia; hasta en tu silencio habrá una canción. Aunque estés sentado inmóvil, estarás danzando. Cada inspiración, cada espiración, será un gozo; cada latido del corazón será precioso porque es el latido del corazón del mismo Universo: tú eres parte de él.
Si reconoces que tú mismo eres parte de la existencia… empezarás a vivir plenamente, sin miedo a las religiones ni a los sacerdotes ni a todas esas enseñanzas antivida que quieren que, en vez de gozar, renuncies a la vida, escapes de ella. Una ves que eres libre de tus condicionamientos (y la meditación es casi como el fuego que quema toda la basura que el pasado te ha dejado en herencia) naces de nuevo. Entonces no necesitarás aprender ningún arte. Surgirá espontáneamente dentro de tu ser.
Por el momento hay demasiados obstáculos, demasiadas barreras. Has sido envenenado durante tanto tiempo, y te han enseñado tantas cosas equivocadas, que casi vas arrastrándote. En vez de ser una danza, la vida se ha convertido en un acto de arrastrarse desde la cuna a la tumba. La gente sigue viviendo, ¿qué otra cosa puede hacer? No se suicidan porque, si la vida es tan miserable, ¿cómo pueden esperar que la muerte vaya a ser algo mejor? Así que en vez de poner tu atención en el arte de vivir ponla en el lugar desde donde mana tu vida, en las mismísimas raíces de las que saca su jugo. Profundiza en ti buscando las raíces de tu vida y te encontrarás con lo que los místicos han llamado iluminación, despertar, o la experiencia de lo divino. Después de esa experiencia eres una persona totalmente diferente.
Entonces tu totalidad estará detrás de cada uno de tus actos.
Entonces no estarás esquizofrénico.
Entonces no reprimirás nada.
Si bailas, eres la danza. Si cantas, eres la canción. Si amas, eres el amor. Si escuchas, eres sólo oídos y todo lo demás desaparece. Entonces cada momento adquiere plenitud, y esta plenitud continúa expandiéndose.
De no ser así, la gente se conforma con el mínimo, consolándose con el “Benditos sean los pobre, benditos los mansos”. No es necesario ser pobre ni es necesario ser manso.
La vida te da tanto que podrías ser un emperador. Para serlo no necesitas un imperio; ser emperador es sólo una forma de vivir auténtica y plenamente. De no ser así también vuestros emperadores son mendigos. No están vivos, están en el mismo bote que tú; por dentro están tan vacíos como tú. Tú pides más y ellos piden más.
Sè receptivo, La receptividad es un estado de no-mente. Cuando estás completamente vacío de todo pensamiento, cuando la consciencia no tiene contenido, cuando el espejo no refleja nada, eso es receptividad. La receptividad es la puerta de lo divino. Abandona la mente y sé.
En la mente, estás a kilómetros de ser. Cuanto más piensas menos eres. Cuanto menos piensas, más eres. Y cuando no piensas en absoluto, el ser se afirma en su totalidad.
Receptividad simplemente significa tirar la basura que has estado llevando sobre tu cabeza; y hay mucha basura, completamente inútil. La mente carga con el pasado. Ahora el pasado no tiene ninguna utilidad; ya ha ocurrido y no va a volver a ocurrir nunca, porque en la realidad nunca se repite nada.
Aún cuando pienses o sientas que esta es la misma situación, nunca es la misma. Cada mañana es nueva, y el sol que te encuentras cada mañana es un nuevo sol. No me refiero al sol material. Estoy hablando acerca de la belleza, la bendición que trae cada día; es algo totalmente nuevo.
Si sigues cargando con imágenes del pasado, no serás capaz de ver lo nuevo. Tus ojos estarán cubiertos por tus experiencias, expectativas, y esos ojos no serán capaces de ver lo que está enfrente de ti.
Así es como desaprovechamos la vida: el pasado se convierte en una barrera, te atrapa, te encierra en algo que ya no existe. Te quedas estancado en lo muerto. Y cuanta más experiencia, más madurez tengas, el caparazón de las experiencias muertas se hará más grueso a tu alrededor. Te cierras más y más, poco a poco todas las ventanas, todas las puertas se van cerrando. Entonces existes, pero existes alienado, desarraigado. Entonces no estás en comunión con la vida. No estás en comunión con los árboles, las estrellas y las montañas. No puedes estar en comunión porque te rodea la gran muralla china de tu pasado.
Cuando digo vuélvete receptivo, quiero decir que te conviertas en un niño de nuevo.
Recuerda a Jesús, quien decía a sus discípulos; a menos que seáis como niños no podréis entrar en el reino de Dios. Lo que él dice es el significado exacto de receptividad: el niño es receptivo porque no sabe nada, y al no saber nada es receptivo. El viejo no es receptivo porque sabe demasiado, y al saber mucho está cerrado. Tiene que renacer, tiene que morir al pasado y convertirse en un niño de nuevo; no físicamente, por supuesto, pero la consciencia siempre debería ser como la de un niño. No aniñado, recuerda, sino como un niño: adulto, maduro, pero inocente.
Y así es como se aprende, aprende la verdad que se te presenta a cada momento de tu vida; aprende a conocer al Huésped que viene y llama a la puerta a cada momento, día tras día, año tras año. Pero estás tan inmerso en tu conversación interior, en tu propia procesión interior de pensamientos, que no oyes la llamada.
¿Oyes la distante llamada del cuco? ¿Oyes cantar a los pájaros? Esto es receptividad. Es un estado existencia de silencio, silencio total; sin movimiento, nada se agita, y a la vez no estás dormido, estás alerta, absolutamente consciente. Donde el silencio y la consciencia se encuentran, se entremezclan y se vuelven uno, se haya la receptividad. La receptividad es la más importante cualidad religiosa.
Conviértete en un niño. Empieza a funcionar desde el estado de no saber, el silencio y una gran consciencia vendrán por su propia cuenta. Entonces la vida será una bendición.
La vida es una interdependencia. Nadie es independiente, ni por un momento puedes existir solo. Necesitas que toda la existencia te apoye a cada momento en cada inspiración y espiración. No es una relación, la vida es una total interdependencia. Recuerda, no estoy diciendo que sea dependencia, porque la idea de dependencia sugiere que eres independiente. Si somos independientes entonces la dependencia es posible. Pero ambas son imposibles; la vida es una interdependencia.
¿Tú que crees? ¿Son las olas independientes del océano, o dependen del océano? Ni lo uno ni lo otro es verdad. Ni son independientes ni dependientes. El océano no puede existir sin las olas y las olas no pueden existir sin el océano. Son totalmente uno, es una unidad. Y así es toda nuestra vida. Somos olas del océano cósmico de la consciencia.
Eso significa que el amor puede tener tres dimensiones. Una es la dependencia; que es lo que le pasa a la mayoría de la gente. El marido depende de la esposa, la esposa depende del marido; se explotan mutuamente, se dominan el uno al otro, se poseen el uno al otro, se reducen el uno al otro a una mercancía. En el noventa y nueve por ciento de los casos, eso es lo que está pasando en el mundo. Es por eso que el amor, que puede abrir las puertas del paraíso, sólo abre las puertas del infierno.
La segunda posibilidad es la del amor entre dos personas independientes. Ocurre de vez en cuando, pero esto también trae miseria, porque conlleva un conflicto constante. No hay forma de cambiarlo; ambos son tan independientes que ninguno está dispuesto a comprometerse, a ajustarse al otro. Los poetas, artistas, pensadores, científicos, los que viven en cierta independencia, por lo menos en sus mentes, son gente con la que es imposible vivir; son gente excéntrica, difícil vivir con ellos. Dan libertad al otro, pero su libertad se parece más a la indiferencia que a la libertad, parece como si no se preocuparan, como si no les importara. Se dejan el uno al otro en sus propios espacios. La relación parece ser sólo superficial; tienen miedo de profundizar el uno en el otro, porque están más comprometidos con su libertad que con el amor, y no se quieren comprometer.
Y la tercera posibilidad es la interdependencia. Raramente ocurre, pero cuando ocurre una parte del paraíso desciende sobre la Tierra. Dos personas, ni independientes ni dependientes, sino en una tremenda sincronicidad, como si respiraran el uno por el otro, un alma en dos cuerpos; cuando esto ocurre, ha ocurrido el amor. Sólo a esto se le puede llamar amor. Las otras dos no son verdadero amor, no son más que arreglos: sociales, psicológicos, biológicos, pero arreglos. La tercera es algo espiritual.

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